El fenómeno low-cost y la precariedad laboral


Una hipótesis: es posible que nosotros mismos, los consumidores de los países desarrollados, seamos corresponsables de la precariedad laboral y de los salarios de supervivencia que nos afectan. Al convertirnos en consumidores obsesivos de productos low-cost, hemos contribuido a imponer un modelo económico que sólo puede funcionar pagando salarios muy bajos.

Hasta hace poco, creíamos que la precariedad laboral (salarios miserables, contratos basura, horarios agotadores) sólo afectaba al Tercer Mundo.  Aunque sin llegar aun a las condiciones extremas que se dan en algunas factorías de países como China, Marruecos o Vietnam, empezamos a ver como muchas personas, especialmente las más jóvenes, tienen condiciones de trabajo cada vez peores y salarios cada vez más bajos.

¿Cómo empezó todo esto? ¿Cuándo empezamos a perder las conquistas que tanto les había costado conseguir a nuestros padres y abuelos?

Hay un fenómeno del que tengo la impresión que la gente más joven (digamos, de 30 para abajo) no es demasiado consciente, aunque también he observado que muchas personas por encima de esa edad tampoco han reparado demasiado en él.

Empezaré con una anécdota familiar. Hacía 1980 uno de los regalos de bodas de mis tíos fue un viaje a Londres. Toda la familia acudimos al aeropuerto a despedirlos. Se trataba de un acontecimiento único. Ninguna persona de la familia había viajado tan lejos.  Recuerdo que los comentarios eran del tipo “que viaje más maravilloso”, “qué envidia”, “yo no me iría tan lejos de viaje de bodas” o “qué regalo más esplendido”.

Treinta años después, cualquiera puede ir a pasar un par de días a Londres. Ya no hace falta gastarse el sueldo de un mes en los billetes. Ya no es noticia, no causa envidia, no tiene nada de exótico, lejano o especial.  Las compañías aéreas low-cost han conseguido que la gente viaje por los países cercanos como quién se va al pueblo el fin de semana.

Miremos ahora el caso de la ropa.  A mediados de los 80 uno no tenía los armarios a rebosar como ahora. La ropa era cara y a veces uno se pasaba meses ahorrando para poderse comprar unos zapatos alucinantes que había visto.

Algo parecido sucede con la tecnología. Cuando salieron los primeros ordenadores caseros, sólo los niños cuyos padres tenían mucha pasta podían comprarse el mítico Spectrum. Después de insistir durante un par de años conseguí que mi abuelo, haciendo un esfuerzo económico importante, me comprara un Toshiba MSX con el que empecé a programar en Basic. Hoy en día la gente decide de golpe, un sábado por la tarde, irse a comprar un portátil nuevo.  He visto como amigos en paro se compraban tranquilamente una cámara réflex digital o como personas con salarios mileuristas eran los primeros en tener un IPhone. La tecnología ya no es tan cara y está al alcance de cualquiera con unos mínimos ingresos.

Podría seguir con muchos ejemplos parecidos, pero es suficiente para ilustrar esta idea: el progresivo abaratamiento de los precios de muchos productos ha provocado, al mismo tiempo, un inevitable abaratamiento de la mano de obra.

No nos dimos cuenta a tiempo. Al comprar todos esos productos tan baratos, también estábamos comprando la congelación o reducción de los salarios y los contratos basura. Es la única manera que tienen las empresas de conseguir esos precios. ¿Cómo, sinó, se pueden ofrecer billetes a Londres por 35 euros? La reducción de costes en procesos y materiales tiene un límite. Tarde o temprano hay que atacar a los salarios.

El modelo es muy simple: se trata de vender productos muy baratos en grandes cantidades, ya sean vuelos en avión, teléfonos móviles, hamburguesas o camisetas. Para poder mantener un modelo así, basado en precios bajos, hay que reducir los costes al máximo. Esto implica, entre otras cosas: a) pagar poco a los proveedores y b) pagar poco a los trabajadores.

Los millones de trabajadores-consumidores con salarios miserables comprarán todos esos productos baratos. El margen por cada unidad vendida es muy pequeño, pero no olvidemos que el modelo se basa en el consumismo masivo, en la venta de millones de unidades. Así, un pequeño margen en cada unidad se convierte en un beneficio enorme para un reducido número de accionistas.

El sistema económico parece cada vez más orientado a aumentar los enormes ingresos de la pequeña élite que tuvo la inteligencia de crear esas empresas low-cost. Alguien podría decir: bueno, qué se hagan milloarios, pero si los salarios son bajos y los precios de los productos también, no hay problema. Antes ganabas 1000 pero ir a Londres costaba 900. Ahora ganas 800 e ir a Londres cuesta 50.

El problema, obviamente, es que la gente quiere algo más en su vida que ir a Londres, comprarse un móvil nuevo y tener muchas camisetas de Zara. Hay muchos productos que no han entrado en el modelo low-cost y que son mucho más caros que hace 30 años. La gente quiere tener la capacidad económica para emprender un proyecto vital: tener una vivienda propia, tener hijos y darles una buena educación, montar una empresa, tener un trabajo estable que permita soñar en el futuro.

Nada de todo eso parece posible para el 40% de jóvenes españoles en paro ni para muchos del 60% restante que cobran salarios de 800 euros y van encadenando trabajos temporales.

¿Podemos hacer algo? Si. Algunas cosas. Una de ellas es castigar el modelo low-cost que nos ha llevado a esta situación, no consumiendo los productos o servicios basados en este modelo. Es más fácil decirlo que hacerlo.

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http://www.elpais.com/articulo/sociedad/fenomeno/low/cost/nos/saldra/gratis/elpepisoc/20090815elpepisoc_1/Tes

http://myriamrius.blogspot.com/2008/09/si-el-fenmeno-low-cost-se-ha-extendido.html

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2 comentarios

  1. Considero que los postulados que planteas son excesivamente parciales. De igual manera se podría defender los efectos positivos que aporta a nuestra sociedad el modelo de low cost.
    1- El motivo principal por el que los sueldos en España seon bajos (Mileuristas en España pero 700 en Portugal o 600 en Grecia) es por nuestra baja productividad, la construcción y el turismo aportan un muy bajo valor añadido.
    2- El modelo de crecimiento de España (demanda agregada) durante estos últimos años ha estado basado en el consumo (62% del crecimiento) en lugar de inversión o exportación como recomiendan los economistas.
    3- Además de otros problemas (cómo puede ser la ausencia de ahorro para financiar la inversión), el principal inconveniente macro que trae el crecimiento basado en el consumo es la inflacción (hoy por hoy los precios de Barcelona no están muy alejados de Londres o Frankfurt), este tipo de empesas ayudan a que este indicador macro no suba.

    En resumen, este tipo de empresas ayudan a controlar la inflacción, que los sueldos sean bajos depende de nuestra baja productividad (los responsables sómos nosotros, era más fácil dejar de estudiar e irse a la obra a ganar 3000€ al mes, a ver ahora que podemos ofrecer al mundo).

  2. No te negaré que el modelo low-cost tiene muchas ventajas y que nos permite acceder a cosas que antes eran lujos. Pero creo que no hay que olvidar los riesgos que conlleva y mi artículo era una simple especulación en ese sentido.

    La baja productividad española es una razón, pero me parece insuficiente. No todos los españoles dejaron sus estudios y se fueron a la obra. Hay decenas de miles de informáticos, biólogos, médicos, etc., que cobran salarios mileuristas a pesar de tener un buen rendimiento laboral.

    Es decir, los salarios son igual de bajos para la gente improductiva que para la productiva. Y, lo que es más extraño, son igual de bajos en sectores con alta productividad. Los programadores informáticos españoles, por ejemplo, cobran sueldos mucho más bajos que los programadores informáticos ingleses, pero su productividad es similar (tal vez un poco inferior, pero no en la proporción en la que se reduce el salario).

    Hay que aumentar la productividad, si, pero también es cierto que a un buen número de empresas españolas le está interesando más especializarse en productos baratos que invertir en formación, investigación, mejora de procesos, etc. ¿Pereza, incompetencia, avaricia?

    Además, cuando hablamos de productividad nunca pensamos en la productividad de los directivos de las empresas. ¿No habría que ligar también sus salarios a su productividad? Entonces ¿porque no hay tanta diferencia entre los salarios de los directivos españoles y los alemanes, como si sucede en el caso de los trabajadores “de base”? ¿Podemos echar toda la culpa de los males de la economía española a una proporción de trabajadores que dejaron de formarse y se tiraron a lo fácil?

    ¿Es posible que muchas empresas españolas estén mal gestionadas y eso provoque baja productividad?

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